27.9.14

Ey, babe..

Amor, ¿recuerdas que te dije que este fin de semana quería ir a Nueva York? Es la Feria del Libro Dominicano en la ciudad y homenajean a un poeta admirado, también profesor, Rei Berroa. Lo conocí hace un par de años largos en Salamanca y fue un placer y todo un aprendizaje recitar con él, así que me apetece muchísimo el reencuentro. Y será ocasión de ver con más calma a Valeria y a Cris, y espero que de comer cosas sabrosas, de mezclar con vino palabras de casa, de Chile y de Bolivia. Lo necesito un poco, la verdad. Vivir aquí es en el fondo vivir en un campus y, en ciertos sentidos, resulta agotador. Tienes algo en el mail, por si estos días, comunicarse es más difícil o más salto. Está en pruebas, como todo, pero las lecturas de la semana al margen de la tesis se me escapan de las manos y motivan la escritura. Quise hacer un poco de homenaje a cierta poesía alrededor de mitad del siglo pasado, a los exilios, y por eso la forma que no es tan yo pero últimamente sale así. Experimento, tentativa. Quise jugar con la temática amorosa que es lo que esas poetas que recalaron en este trozo de tierra más escribieron, en la estela de Pedro Salinas, de Juan Ramón Jiménez. Ellas, yo me arrimo a su ascua y tan tranquila. No quise hacer tampoco poesía de campus universitario, que siempre me ha parecido un horror, pero... te quise a ti en este aquí nuevo. Y el poema trata de decirlo.

Quiero encontrar el texto que formule
la soledad interior, la noche de los cuerpos,
la ausencia de ti y lo que somos,
a pesar de las aguas que yo abrazo
al alejarme en busca de mi centro.
Quiero hablar de las hojas de los árboles.
Del frío que envejezco y hace surco
la piel que lamerás en el invierno.

Quiero hablar de los versos que descubro,
sus exilios, autoras, el desvelo
de una tierra escindida y ese miedo
al regreso feroz del hambre abierta.
Quiero encontrar la forma de decirte
mi elección en tu amor, la firme esencia
de lo que llega a la vida porque es vida
y ninguno teme entonces a la muerte.

Cae la tarde despacio con el peso de acero
de la industria cercana, las obras, la autopista.
Quiero medir el pulso a la ciudad extraña,
el contorno del río, el puerto herrumbre,
los cascos podridos de las barcas.
La dimensión exacta de sus gentes
en dinero y color, lenguas lejanas.
Lo que hay de común. Lo diferente.

Quiero apresar la luz en los ladrillos,
imaginarme desnuda en cada casa
y pisar leve olmo leve ardilla
las maderas del suelo hacia la cama.
Y despacio acercarme hasta tu sueño
y despacio adentrarme entre las sábanas.
Que la luz sin persianas te despierte
justo antes del beso, la llamada.
Leve olmo leve ardilla que desiste
la escritura, el texto y el empeño,
pues es solo animal que ante ti siente
los arcanos secretos de su cuerpo.

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